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Prisma 1. Santiago Lamelo |
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Escrito por Santiago Lamelo
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jueves, 22 de febrero de 2007 a las 15:02 horas |
Cuando empecé en esto de los videojuegos, hacia finales de los años setenta, soñaba con una tecnología que convirtiera esos enormes píxeles de la Atari 2600 en realidad, que esos gráficos de la Señorita Pepis algún día fueran imágenes de verdad. Ese sueño casi se ha cumplido, pero ahora sueño con que la creatividad desbordada de entonces se una a la sobredosis tecnológica actual y que los videojuegos alcancen de una vez la madurez, en vez de ofrecernos lo mismo que cuando era niño cambiando el envoltorio.
Mucho han cambiado los videojuegos desde que empecé con ellos. De simples “matamarcianos” para chavales a toda una nueva forma de ocio para las masas, de Microhobby a Micromanía, de Ultimate a RockStar, del VideoTex a Internet. Da vértigo mirar atrás, y también me da un poco de rabia cuando pienso en como la masificación ha propiciado que las editoras no sepan ver más allá de la pura comercialidad, desaprovechando un medio con unas posibilidades enormes de expresión artística. Las excepciones, que las hay, van siendo fagocitadas por las grandes compañías golosas de los beneficios que genera este negocio, siguiendo la máxima del mínimo riesgo para el máximo beneficio. Como en cualquier otro medio.
El coste de producción de un videojuego que aspire a tener éxito de ventas se ha disparado, superando en muchas ocasiones a las producciones más caras del cine. De menos de diez personas en un estudio programando un videojuego para Spectrum, a cientos de personas trabajando durante dos años para ofrecer unos gráficos de la muerte, pero que en más ocasiones de las deseadas el contenido no es mucho mejor que el de los primeros videojuegos que se comercializaron. El coste de producción es tan elevado, que un fracaso comercial prácticamente envía a la bancarrota a los creadores, dando lugar a que el riesgo que toman las editoras a la hora de producir un videojuego sea mínimo.
¿Dónde está el riesgo?. En las ideas nuevas, en la dificultad del juego o en cualquier cosa que implique “demasiado esfuerzo” por parte del usuario. Al menos eso creen la mayoría de editoras, empeñadas en velar por la integridad cerebral del usuario ofreciendo juegos que no les obliguen a esforzarse demasiado, no vaya a ser que se lesionen. Es de agradecer este interés por nuestra salud mental, pero creo que ya va siendo hora de que vean a los usuarios como personas y no como una masa uniforme. Los videojuegos no tienen demasiado tiempo, unos treinta años de existencia comercial, pero ya está al mismo nivel que el cine más comercial de Hollywood, que existe desde hace cien años. El mismo nivel en cuanto a fábrica de productos, en vez de una rama más del arte.
No estoy descubriendo nada, la pela es la pela y aquí quien más y quien menos quiere ganar dinero, como es normal. Si una empresa puede ganar 100 no se va a conformar con 99, aunque para ello tenga que vender el alma al Diablo. Sin embargo, estoy convencido de que cualquier producto que lleve detrás una buena promoción, se acabará vendiendo. Sobre todo, si es un producto de calidad. No se hace, sólo se promociona machaconamente un determinado tipo de videojuegos, despreciando cualquier otro que no se ajuste a esos patrones establecidos por los estándares de las grandes compañías.
Los Cuarenta Principales asociados con la Fox, MacDonalds y Electronic Arts para producir videojuegos como si fueran hamburguesas, productos más de consumo sin preocuparse lo más mínimo por las posibilidades creativas que ofrecen. Nada sorprendente, desde luego, las editoras son empresas que quieren ganar dinero.
Lo que ya es más enervante es la actitud de los medios, las revistas de videojuegos, y la relación con las editoras. Las revistas en papel necesitan publicidad para sobrevivir, no llega con el número de compradores de la revista. Y los que más invierten en publicidad son las propias editoras, que naturalmente exigen a cambio un trato especial en los análisis y comentarios de sus títulos.
No sólo es la publicidad, a la prensa se la invita a todo tipo de acontecimientos y presentaciones con la intención, por un lado, de promocionar esos títulos, pero también de “sobornar” a los “periodistas” que cubren el evento. Teniendo en cuenta que muchos suelen ser chavalotes aficionados a los videojuegos, es muy fácil camelarles ofreciéndoles ser los primeros mortales que pueden probar la última megaproducción con la que todo el mundo sueña. A veces, hasta fotografiarse con azafatas de cuerpo escultural o personajes famosos. El sueño de cualquier jugón, aunque sea un “profesional” que cubre una noticia. Y si esa cobertura no se trata de la manera que quiera esa editora que organiza el evento, se enfadan y se llevan el Scatérgoris. No más invitaciones, no más envíos de juegos gratis para analizar, no más regalos de consolas, no más exclusivas, no más publicidad. Y los medios, siguen el juego, faltaría más. También son un negocio.
En los medios online ocurre algo parecido, o peor. Las webs modestas pueden hacer lo que les de la gana, su presencia en el mercado es irrelevante para las editoras, pero si esas webs logran un número importante de lectores, entonces ocurre lo mismo que en los medios impresos. No hay gastos de imprenta y distribución, pero hay gastos de servidores y ancho de banda para la web, los cuales se cubren con publicidad y/o subscripciones, en el caso de que las haya. Y a eso hay que añadir que en estos medios, los redactores suelen tener menos experiencia, cobrar muy poco dinero y ser unos personajes que matarían por poder asistir a todas esas presentaciones, viajar gratis, recibir regalos y halagos de los editores y de vez en cuando poder entrevistar en exclusiva, (en “exclusiva” junto con otras revistas, claro) a determinada personalidad.
El ego de estos “periodistas” aumenta de manera proporcional al número de halagos, convirtiéndose en dioses al que todo el mundo debe adorar, porque ellos son los que más saben ya que van a esas presentaciones. Y por supuesto, defenderán a muerte la posibilidad de seguir asistiendo a todos esos acontecimientos y recibiendo todos esos regalo, aunque para ello tengan que subir una nota en un análisis. Es lamentable como estos “periodistas”, se creen los reyes del mambo. La propia revista tiene que pasar por eso y hacer equilibrios en la cuerda floja para poder seguir existiendo. Unas revistas logran mejor ese equilibrio que otras, pero a la larga, las más importantes tienen que pasar por el aro.
El resultado es que todo la información de videojuegos está cortada por el mismo patrón, de una manera similar a la información deportiva, en la que todo es fútbol y a un lloro de Guti se le da más importancia que a cualquier otro hecho. En los videojuegos, todo lo que huela a consola, aunque sea una declaración del jefe de marketing de Sony diciendo que su consola es mejor que la de Microsoft, y viceversa, se trata como noticia de alcance mundial, cuando una declaración así no debería serlo. Y es sólo un ejemplo. Ves una revista, y las ves todas, pero todas se pelean por ser las primeras en decir la misma chorrada.
Los medios sólo informan de los juegos sobre los que ya se sabe todo, en vez de informar de verdad, de hablar de juegos o empresas que aunque no sean conocidas, ofrecen productos de calidad, o al menos lo intentan, con la única pega de que no son lo suficientemente ricas como para pedir favores a los medios o comprar lugar en las estanterías.
Y del otro lado está el usuario, que se ve afectado por toda esa rueda de mercadotecnia y a su vez, es cómplice de ella. Con la disculpa de que no hay tiempo para informarse, traga con lo que le den sin preocuparse de nada que no esté en la estantería del Carrefur. Afortunadamente hay muchos usuarios que no son así, y son un mercado muy importante, un mercado al que dan la espalda una y otra vez las grandes compañías, más interesadas en el usuario del Carrefur que en el usuario que intenta ser él mismo el que seleccione los juegos a los que quiere jugar, y no que decidan Microsoft, Sony, Nintendo y Electronic Arts y otras por el estilo.
Lo peor de los usuarios está en los adeptos, y adictos, a la guerra de consolas. Usuarios que no están satisfechos con pasárselo bien con su consola, necesitan demostrar que la suya es mejor que la mierda esa de consola que tiene mi vecino. Para ello inundan cualquier foro de estupideces acerca de lo buena que es su consola, lo mala que es la otra y lo impresentable que es ese articulista porque no comparte su opinión.
Toda esto es una gran una montaña de basura que deja muy poco margen para la creatividad y el sentido común, pero el margen es suficiente como para seguir confiando en un medio tan interesante como el del ocio electrónico. Frente a las grandes compañías, surgen pequeños estudios que se asocian y optan por la distribución online, con menos coste y presiones que la tradicional. De momento, optan a un mercado pequeño, pero poco a poco va creciendo y el reducido tamaño se va compensando con los menores costes de distribución. Tenemos desarrolladoras en el Este de Europa que intentan realizar proyectos interesantes, unos con más fortuna que otros, pero que se valora el esfuerzo de intentarlo. Además quedan algunas europeas y americanas que intentar vencer las presiones y seguir haciendo juegos de calidad, como Bioware, Irrational Games, Epic, Arkane Studios, Paradox, 10 Tacle, 4 Head y unas cuantas más. Son este tipo de compañías las que aportan creatividad y riesgo y el usuario debería apoyarlas. Menos criticar gráficos y valorar más la innovación, eso sería un principio de cambio, aunque lo veo utópico.
A pesar de la montaña, siguen apareciendo pequeñas joyas que nos mantienen enganchados a la pantalla. Tal vez no tantas como desearíamos, pero sí las suficientes. Llegará un momento en el que el usuario madure y sepa diferenciar la comercialidad de la creatividad, y ese día espero estar allí para contarlo. Y si no, “que me quiten lo bailao”.
Santiago Lamelo
Grupo 97
En breve: "Nueve años como Redactor en Meristation. Informático, profesor de 3D Studio, Photoshop, Autocad, Illustrator, Corel Painter... Programas que además uso para otros trabajos. Dueño de un ciber local para juegos durante 3 años y calvorota monumental. O sea, nada relevante."
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