jueves, diciembre 27, 2007

Les Luthiers

Llorar de la risa y no poder parar. Hay pocas cosas mejores en la vida que esa. Pues bien, siempre que he asistido a un concierto de Les Luthiers lo han conseguido. Con eso queda todo dicho. Son Los genios del Humor.

Podría seguir escribiendo más lineas alabándolos y no acabar, pero, estimado lector, lo único que te voy a decir es: tienes que verlos en directo.

En este artículo de CPI hay una buena recopilación de "sketchs" de este grupo, a los que añado:

Esther Píscore:


Perdónala:


Rabinovich+Republica de Banania:


El sendero de Warren Sanchez:



Shallow Be Thy Game Live

14 de mayo de 1996, Sydney.



El resto de este y otros conciertos (en audio y en video) se pueden bajar desde aquí.

viernes, diciembre 14, 2007

If You Have To Ask

You'll never knowwww
Funky motherfucker
Will not be told to go!



miércoles, octubre 31, 2007

Beat Down



"I Will Always Be Beat Down", de John Frusciante, cuya carrera en solitario no es de mi gusto pero de vez en cuando compone cosas como esta.

sábado, octubre 27, 2007

Larry Graham is God

Y si no miren:



Uno de los maestros del slapping. Algunos dicen que fue su creador, otros que no. Qué más da. En todo caso creó escuela y amplió las posibilidades de un instrumento aparentemente tan limitado como el bajo hasta límites insospechados.

viernes, octubre 26, 2007

Hasta siempre maestro



No tengo palabras. Puta mierda de vida esta que se lleva a los grandes antes de tiempo. Como Juan Antonio Cebrián, un grande de la radio pero también de la Divulgación, con mayúsculas. Gracias, mil gracias por ser uno de los mejores maestros que he tenido en mi vida (me habría encantado conocerte en persona para decirtelo cara a cara y no en un maldito blog hacia allá donde estés, y hoy quiero creer que hay algo más allá), por mirar las cosas desde un punto de vista más crítico, por agitar el gusanillo de la curiosidad por la Historia, por todas esas noches en las que mi afán por conocer venció al sueño... gracias por todo. La radio y la noche no volverán a ser lo mismo sin tí.

-Recopilación a modo de homenaje de audios del programa "La Rosa de los Vientos".

viernes, octubre 19, 2007

History Lesson Part II



De los Minutemen.

sábado, octubre 13, 2007

Stadium Arcadium B-Sides




Después de comentar canción por canción el último album de los Red Hot Chili Peppers, toca hablar de sus b-sides o caras b publicados en los singles, 9 temas que desecharon tras negarse Warner a publicar el "megaproyecto" Stadium Arcadium en tres discos (a razón de uno cada seis meses), y como veremos a continuación la decisión fue acertada aunque desgraciadamente se equivocaron en la elección final de temas y nos tragamos con patatas cosas infumables como We Believe, If, She Looks To Me, Hey, Make You Feel Better etc. Hay dos y tres y cuatro b-sides que merecen estar en el disco y las incluiría en el top 10 de SA, como I'll Be Your Domino o Mercy Mercy, y también hay temas que mejor no escuchar. Pero bueno, estos son los últimos temas que nos van a brindar los Red Hot en una buena temporada, quién sabe si otros cuatro años más hasta que saquen su siguiente album, si es que lo hay.

B-Sides:
01-Whatever We Want: corte muy rockero pero como viene siendo habitual últimamente en esta banda se acaba alargando demasiado y se hace excesivamente repetitivo. Si en vez de 4:47m hubiese durado 2:00m, lo habrían clavado.
02-Million Miles Of Water: "deja vú" con trabajos anteriores pero buena canción, podrían haberla incluido sin ningún problema en el album.
03-Lately: muy buen tema, con guitarreo acústico y sabor californiano. Pero nada, We Believe les moló más.
04-Mercy Mercy: ¿por qué no incluyeron esta canción en el disco? ¿Que se parece a Warlocks? ¿Y? ¿Acaso eso es malo? Funk de medios tiempos que merece la pena escuchar, porque estos sí se parecen más a los que un día conocí como Chili Peppers.
05-A Certain Someone: para dormirse. Prescindible.
06-I'll Be Your Domino: ¿será que tiene demasiado funk? Uno de los mejores temas que han sacado en mucho tiempo, y lo relegan al último corte del single de Snow. Ole.
07-Funny Face: bonita, dulce, divertida, con buen final, pero cuando ya la has escuchado cuatro veces te cansa.
08-Joe: "peroquesesto".
09-Save This Lady: esto no es "deja vú", esto es "coge una de tus canciones y cambiále un par de notas". Normalita tirando a floja.

Temas en directo (incluidos en los singles):
01-Lyon 66.6.06: buena forma de acabar un concierto. Rock, psicodelia, inspiración y el buen hacer de John Frusciante en 3 minutos y medio.
02-An Opening: "intro" de un concierto de 2006, esta vez no tan inspirado.
03-Blood Sugar Sex Magik: por este tema no pasan los años, y en vivo gana bastante. Inmortal.
04-Permutation: una especie de preludio del tema Californication, casi tres minutos con John y Flea improvisando, algo que se les da muy bien.
05-Funky Monks: sobran las palabras:

martes, junio 12, 2007

FLAC

Con el progresivo aumento de la capacidad de almacenamiento de los iPod de gama alta y similares, por no hablar de los discos duros en ordenadores, el formato MP3 empieza a quedarse obsoleto y su función compresora/destructora, salvo que uno se vaya para siempre a una isla desierta y le hagan falta 700 discografías para matar el tiempo (aunque es posible que antes de escuchar toda esa música la haya palmado), ya no es tan necesaria.

En el horizonte se vislumbra un posible candidato a dejar al MP3 aparcado: FLAC, el sustituto perfecto. ¿Por qué? Es libre (y por tanto gratuito), y lo más importante, comprime sin pérdida de calidad. Esto significa dos cosas:

-Tendremos, al contrario que con el MP3, una copia de seguridad perfecta de cualquier CD de música, con todos los matices sonoros del original, sin "umbrales perceptivos" ni demás historias que por mucho que digan los del MP3 que no se nota, al final sí que se nota.

-Esto implica necesariamente que la compresión es mucho menor. Del 10:1 del MP3 se baja al 2:1 (como mucho) del FLAC. Por ejemplo, el disco "Five Miles Out" de Mike Oldfield (remasterizado en HDCD), de unos 50 minutos de duración (que en "datos" vendría a ocupar unos 440 Mb), se me ha quedado en 304 Mb al comprimirlo en FLAC.

El FLAC tiene otro aspecto positivo, y es que en grabaciones continuas (por ejemplo, en conciertos) no deja esa mínima pausa al final de cada "track", tan típica del MP3.

Hay otros formatos parecidos, como APE, WMA Lossless, etc., pero el que más me ha convencido ha sido este, y más después de haber probado el combo EAC+AutoFlac, un 10 en facilidad de uso.

jueves, junio 07, 2007

La Fuente del Tiempo

Este video hay que verlo:




Es la maravillosa creación de un artista, que, mediante luz estroboscópica, un líquido y un osciloscopio es capaz de sincronizar la luz con las gotas de tal manera que parece que están paradas en el tiempo. Incluso es capaz de interactuar con ellas y provocar el efecto de invertir el tiempo.

Vía Inquietudes.

miércoles, junio 06, 2007

Jammin







lunes, junio 04, 2007

Una ejecucion

Ocurrió en Birmania, una mojada mañana durante la estación de las lluvias. Una luz enfermiza, como de papel de aluminio amarillento, se colaba sobre los altos muros y llegaba hasta el patio de la cárcel. Estábamos esperando cerca de las celdas de los condenados, que eran unos cobertizos semejantes a pequeñas jaulas para animales cerrados frontalmente por barrotes dobles. Cada celda medía alrededor de diez pies cuadrados y se hallaban completamente vacías a excepción de un tablón para dormir y un jarro con agua. En algunas de ellas se agazapaban, agarrados a los barrotes interiores, unos hombres morenos y silenciosos, envueltos en sus mantas. Eran los condenados, que serían ahorcados entre la próxima semana y la siguiente.

Sacaron de su celda a un prisionero. Era un hindú, un hombre delgado e insignificante con la cabeza afeitada y unos ojos vagos y acuosos. Tenía un bigote espeso y saliente, absurdamente grande para su pequeño cuerpo; parecía más bien un bigote como los de los actores cómicos de las películas. Seis altos carceleros hindúes lo custodiaban y lo preparaban para la horca. Dos de ellos se mantenían firmes con rifle y bayoneta calada, mientras que los otros le ponían unas esposas y pasaban una cadena a través de las esposas para sujetarlo a sus cinturones, además con una soga le ataban los brazos apretadamente contra su costado. Luego se apiñaron alrededor suyo, posando sus manos sobre él de forma cuidadosa, como acariciándolo. Parecía como si quieran asegurarse de que se encontraba allí. Eran como hombres que sostienen en las manos un pescado todavía vivo y que puede saltar de regreso al agua. Pero el hombre no oponía resistencia; sometía sus brazos a la soga como si apenas se diese cuenta de lo que ocurría.

Dieron las ocho, y un toque de corneta desoladoramente débil en el aire húmedo, llegó flotando desde los distantes cuarteles. El superintendente de la cárcel, que se hallaba apartado del resto de nosotros, con aire pensativo, pasando su bastón por la arena, levantó la cabeza al oír el sonido. Era un médico militar, con un bigote gris que parecía un cepillo y de voz áspera.

-¡Por Dios, apúrese usted, Francis! -dijo irritado- Ese hombre ya tendría que estar muerto a esta hora. ¿No está listo todavía?

Francis, el jefe de carceleros, un grueso dravída que llevaba uniforme de dril y anteojos dorados, agitó su negra mano.

-Sí señor, sí señor -balbuceó-. Todo está satisfactoriamente preparado. El verdugo está esperando. Procedemos enseguida.

-Bueno, a toda marcha entonces. Los presos no pueden desayunar hasta que terminemos esto.

Nos encaminamos al patíbulo. Dos guardias marchaban uno a cada lado del condenado, con los rifles al hombro; otros dos marchaban junto a él, sujetándolo por brazos y hombros, como empujándolo y sosteniéndolo al mismo tiempo. Los demás, los magistrados y los otros, los seguíamos. De pronto, cuando habíamos recorrido diez yardas , la procesión se detuvo en seco sin que mediara ninguna orden o advertencia previa. Había ocurrido una cosa horrible: un perro, venido quién sabe de dónde, había aparecido en el patio. El animal se acercó hasta nosotros brincando y ladrando fuertemente. Saltaba a nuestro alrededor sacudiendo todo su cuerpo, loco de alegría al encontrar tanta gente. Era un perro muy lanudo, medio Airedale, medio callejero. Correteó durante un momento a nuestro alrededor y luego, antes de que nadie pudiera detenerlo, se fue derecho sobre el prisionero, tratando de lamerle la cara. Todos nos quedamos estupefactos, demasiado sorprendidos para intentar apartar al perro.

-¿Quién dejó entrar a ese maldito animal? -dijo enojado el superintendente- ¡Que alguien se lo lleve!

De la escolta salió un guardián que intentó, con bastante torpeza, sujetar el perro, pero éste saltó y se puso fuera de su alcance, tomando todo como parte del juego. Un joven carcelero euroasiático cogió un puñado de piedrecillas y trató de alejar al animal arrojándoselas, pero el perro las esquivó y vino de nuevo hacia nosotros. Sus ladridos resonaban contra los muros de la cárcel. El prisionero, sujeto por guardianes, miraba sin curiosidad, como si ésta fuese otra formalidad de la ejecución. Pasaron varios minutos antes de que alguien se las arregló para agarrar al perro. Entonces le sujetamos pasando mi pañuelo a través de su collar, y proseguimos nuestra marcha mientras el perro intentaba soltarse y se quejaba.

Faltaban unas cuarenta yardas para llegar a la horca. Miré la espalda desnuda y morena del prisionero, que marchaba delante de mí. Caminaba desgarbadamente al llevar los brazos atados, pero muy decididamente, con ese balanceo de los hindúes, que nunca enderezan las rodillas. A cada paso se movían sus músculos, los cabellos de su cabeza se movían arriba y abajo, y sus pies dejaban huellas impresas en la tierra húmeda. Y en un momento, a pesar de los hombres que le sujetaban los hombros, se hizo levemente a un lado para evitar un pequeño charco del camino.

Es curioso, pero hasta ese instante yo nunca me había dado cuenta de lo que significa matar a un hombre que tiene salud y es consciente. Cuando vi al prisionero hacerse a un lado para evitar el charquito comprendí el misterio, el indescriptible error de arrancar una vida humana cuando se halla en todo su vigor. Aquel hombre no se estaba muriendo, estaba tan vivo como nosotros. Todos los órganos de su cuerpo funcionaban: los intestinos digiriendo los alimentos, la piel renovándose, las uñas creciendo, los tejidos formándose. Todo ello trabajando sin sentido. Las uñas aún estarían creciendo cuando él se hallara sobre la plataforma, cuando estuviera cayendo por el aire con una décima de segundo de vida por delante. Él seguía viendo la grava amarillenta y los muros grises, y su cerebro todavía recordaba, preveía, razonaba..., sí, razonaba incluso acerca de los charcos. Él y nosotros formábamos un grupo de hombres que caminaban juntos, viendo, oyendo, sintiendo, comprendiendo el mismo mundo. Y en dos minutos, tras un brusco chasquido, uno de nosotros no estaría más... una mente menos, un mundo menos.

La horca se levantaba en un pequeño patio separado del cuerpo principal de la prisión y cubierto de una maleza alta y espinosa. Era una instalación de ladrillo, como tres paredes de un cobertizo, cubierta con tablas y por encima de
éste dos vigas y un travesaño del cual colgaba la soga. El verdugo, un convicto de cabellos canos vestido con el uniforme blanco de la prisión, esperaba debajo. Cuando entramos nos saludó inclinándose servilmente. A una orden de Francis los dos guardianes, que sujetaban al prisionero más fuertemente que nunca, en parte le condujeron y en parte le empujaron hacia la horca, ayudándole torpemente a subir la escalera. Entonces subió el verdugo y colocó la soga alrededor del cuello del condenado.

Nos quedamos esperando, a cinco yardas de distancia. Los guardianes habían formado un tosco círculo alrededor del patíbulo. Y entonces, cuando el lazo corredizo estaba colocado, el prisionero comenzó a llamar a gritos a su dios. Era un grito fuerte y reiterado, "¡Ram!, ¡Ram!, ¡Ram!", no urgente y temeroso como un rezo o una llamada de auxilio, sino continuo y rítmico, casi como el tañido de una campana. El perro contestó con unos lamentos. El verdugo, de pie sobre el tablado, tapó el rostro del condenado con un saquito de algodón parecido a los de harina. Pero seguía oyéndose, a través de la tela, el grito que persistía, una y otra vez: "¡Ram!, ¡Ram!, ¡Ram!".

El verdugo bajó y sujetó la palanca, listo para actuar. Parecieron transcurrir minutos. El constante y apagado grito proseguía sin cesar: "¡Ram!, ¡Ram!, ¡Ram!". El superintendente, con la barbilla inclinada sobre el pecho, removía lentamente la tierra con su bastón; tal vez estuviera contando los gritos, concediendo al prisionero un número determinado de éstos, cincuenta quizás, o cien. Todos habían cambiado de color. Los hindúes se habían puesto grises como un café malo, y una o dos de las bayonetas temblaban. Mirábamos al hombre amarrado y encapuchado sobre la plataforma, y escuchábamos sus gritos... Cada uno de ellos representaba otro segundo de vida. Todos teníamos el mismo pensamiento: "¡Por favor, mátenlo pronto, acaben de una vez, terminen con ese ruido abominable".

De pronto el superintendente se decidió. Levantó la cabeza e hizo un rápido ademán con el bastón.

-¡Chalo! -exclamó casi ferozmente.

Se produjo un ruido estridente, y luego un silencio mortal. El prisionero había desaparecido por la trampa y la soga se enroscaba sobre sí misma por el peso que tenía más abajo. Solté al perro y éste se encaminó enseguida hacia la parte posterior de la horca, pero cuando llegó allí se detuvo bruscamente y luego se retiró a un rincón del patio, donde se quedó entre los arbustos, mirándonos con temor. Dimos la vuelta a la parte descubierta de la horca para inspeccionar el cuerpo. Éste se balanceaba con los dedos de los pies apuntando al suelo; giraba muy lentamente, inerte como una piedra.

El superintendente alargó el bastón hasta tocar el cadáver desnudo y moreno, que osciló levemente.

-Perfecto -dijo.

Se alejó de la horca y exhaló un profundo suspiro. La expresión de enfado había desaparecido de pronto de su rostro. Echó una mirada a su reloj de pulsera.

-Las ocho y ocho minutos. Bueno, eso es todo por esta mañana, a Dios gracias.

Los guardianes retiraron las bayonetas de los fusiles y se alejaron. El perro, tranquilo y consciente de haberse portado mal, se marchó tras ellos. Salimos del patio donde se levantaba la horca, pasamos después ante las celdas de los condenados con los prisioneros que esperaban, y entramos en el gran patio
central de la prisión. Los convictos, custodiados por carceleros armados con lathis, ya estaban recibiendo el desayuno. Se hallaban sentados en cuclillas, formando largas filas; cada hombre tenía un cazo de estaño, mientras que dos guardianes con baldes les servían arroz con cucharones. Después de la ejecución, aquella parecía una escena doméstica y alegre. Experimentábamos un enorme alivio ahora que la tarea estaba terminada. Un impulso de cantar, de echar a correr, de bromear. A un mismo tiempo todo el mundo empezó a charlar alegremente.

El muchacho euroasiático que caminaba a mi lado volvió la cabeza hacia el camino por donde habíamos venido, sonriendo como persona entendida.

-¿Sabe usted, señor? Nuestro amigo, -dijo refiriéndose al ahorcado- cuando supo que se había desechado su apelación, se orinó sobre el piso de su celda. De miedo que tenía. Por favor, señor, sírvase uno de mi cigarrillos. ¿No le resulta estupenda mi nueva pitillera de plata, señor? De un vendedor ambulante, dos rupias y ocho annas. De clásico estilo europeo.

Algunos se rieron, aunque nadie pareció estar seguro del motivo.

Francis caminaba junto al superintendente, parloteando sin cesar.

-Y bien, señor, todo ha transcurrido muy satisfactoriamente. Terminó así... ¡flik! No siempre es así, ¡oh! ¡no! He conocido casos en que el doctor tuvo que ir hasta la horca y tirar de las piernas del prisionero para estar seguro de la muerte. ¡Sumamente desagradable!

-¿A tirones, eh? ¡Qué feo! -dijo el superintendente.

-¡Oh! Ess peor cuando se ponen tercos, señor. Un hombre, recuerdo, se agarró a los barrotes de su celda cuando fuimos a buscarlo. No podrá creerlo, señor, pero se necesitaron seis carceleros para sacarlo, tres tirando de cada pierna. Nosotros razonábamos con él. "Buen hombre", le dijimos, "piensa en todas las molestias y retrasos que nos estáss causando". Pero, ¡Nada! ¡No hacía caso! Fue de lo más fastidioso.

Descubrí que me estaba riendo a carcajadas. Todos se reían. Hasta el superintendente sonreía indulgentemente.

-Será mejor que salgamos todos a tomar un trago -dijo muy animado-. En el coche tengo una botella de whisky; nos vendrá bien.

Traspasamos las grandes verjas dobles de la prisión y salimos al camino.

-¡Conque tirándole de las piernas! -exclamó de pronto un magistrado birmano, estallando en una carcajada.

Todos volvimos de nuevo a reírnos. En ese momento la anécdota de Francis parecía extraordinariamente cómica. Nativos y europeos bebimos juntos, amigablemente. El cadáver se hallaba a cien yardas de nosotros.

George Orwell.
[Adelphi, 1931, Versión castellana de Carlos Artola]

domingo, junio 03, 2007

Cubitos de hielo estilo Tetris



¿Harto de acompañar tu vaso de ron diario con los típicos y aburridos cubitos de hielo de toda la vida? Siguiendo "estos sencillos pasos" podrás construirte tu propia cubitera de piezas del Tetris.

Vía No puedo creer... que lo hayan inventado.

jueves, mayo 24, 2007

Siena, joya de la Toscana

















sábado, mayo 19, 2007

Starcraft 2



Recuerden esta fecha, 19 de mayo de 2007. Blizzard acaba de anunciar oficialmente que están desarrollando Starcraft 2.

Toda la información, videos e imágenes del juego en la página oficial.

viernes, mayo 18, 2007

Monasterio de Rila














jueves, mayo 10, 2007

Octubre en Londres


miércoles, mayo 09, 2007

Teorema de Morley

Teorema de Morley



Los puntos de intersección de las rectas que dividen en tres partes iguales los ángulos de cualquier triángulo son los vértices de un triángulo equilátero.

Es decir, que si trisecamos (dividimos mediante dos rectas en tres trozos con igual angulo) los vértices de cualquier triángulo, cualquiera, equilátero, isósceles o escaleno, grande, pequeño o feo, las intersecciones "exteriores" de esas rectas son los vértices del triángulo perfecto, el que tiene sus tres ángulos iguales y sus tres rectas miden lo mismo: un triángulo equilátero. Para que luego digan que las matemáticas no son bellas.

La imagen y el enunciado los he sacado del blog de Tio Petros, que le dedica un artículo y ofrece un link con la (menos bella) demostración.

viernes, marzo 16, 2007

God's Gonna Cut You Down



De Johnny Cash.

viernes, febrero 16, 2007

Grind House Theatrical Trailer

Ya falta menos:



Vía Tarantinospain.

martes, febrero 06, 2007

Sharefinder

Utilísimo buscador de archivos alojados en Rapidshare, Megaupload, Filefactory, etc. (cuyos enlaces hayan sido posteados en blogs, claro, ya que se apoya en el módulo de búsqueda de blogs de Google). El caso es que el invento funciona (o suele hacerlo).

Link: http://share-finder.blogspot.com/

lunes, febrero 05, 2007

Lost Episodio Final




Vía Lostzilla.

viernes, febrero 02, 2007

Cambio climático "irreversible"



Hoy se ha presentado el cuarto informe de la ONU sobre el cambio climático y las "conclusiones", como era de esperar, son que efectivamente el clima está cambiando (qué novedad) y que el hombre tiene gran parte de la "culpa" (o mejor dicho, está "acelerando" o "modificando" dicho proceso natural). Las comillas las pongo yo y van con mucha intención, puesto que las "conclusiones" son en realidad predicciones del futuro (que en cuestiones climáticas significa "no vamos a dar ni una o a lo mejor sí"), y según qué datos se cojan se puede predecir tanto que Gran Bretaña se va a derretir de calor como que en unos años va a estar más helada que Siberia (en cualquier caso... se lo merecían).

Al menos en lo que coinciden todos, con cualquier saco de datos, es que hay un cambio climático visible (o lo que es lo mismo, que estamos en la inestable época de la transición climática y nos estamos enterando de ello). Lo de la "culpa es del ser humano" es otro pequeño juego del lenguaje aunque, antes de descubrir si echar tanto CO2 a la atmósfera está desencadenando algo muy chungo o por el contrario no va a pasar nada, es mejor no arriesgarse y controlar de una vez las emisiones. Cosa nada fácil, pero como somos humanos y reaccionamos sobre todo ante el miedo, tenemos que acojonarnos a nosotros mismos y pensar que la Tierra se va a ir al carajo si no la cuidamos.